Cómo lograr un squirt

Seguro que más de una vez te has preguntado cuál es el equivalente femenino a la eyaculación. Y seguro que más de una vez lo has relacionado con ese fenómeno conocido como squirting, en el que la vagina se convierte en un grifo a presión para expulsar un líquido transparente en cantidades industriales.

El chorrazo. Pero, como en tantas otras ocasiones de tu vida, estás muy equivocado. No, así no es cómo se corren las mujeres. Y no, convertirse en una manguera humana no está relacionado con llegar al clímax. No necesariamente, al menos. El squirt es algo totalmente diferente, una práctica a la que siempre rodea una espiral de dudas y equivocaciones.

Más visto en el porno que en la vida real, el squirting es uno de los fenómenos más curiosos y húmedos del cuerpo femenino. Como decíamos al inicio, es imposible pasarlo por alto: cuando alcanza el punto necesario para desatarse, un generoso chorro de líquido transparente que no huele a nada se expulsa a través de la uretra. Sí, de donde sale el pis. Es por eso que, llegadas a esta situación, muchas mujeres se piensan que se han orinado encima. Pero no es así exactamente.

Entonces, ¿qué es ese líquido entonces? Nada que ver con el semen, es en realidad una mezcla de orina y secreciones prostáticas. Es además fácilmente diferenciable de la eyaculación femenina, que es mucho más espesa, de un claro color blanco y se segrega en pequeñas cantidades lentamente. El líquido que se expulsa durante el squirting, sin embargo, es totalmente acuoso y sale como un géiser. No hay manera de confundirlos.

Bueno, las razones son diversas. Primero y más habitual, porque lo ha visto en el porno. Es así y es comprensible. En estos vídeos vemos a mujeres teniendo auténticas catarsis existenciales al tener un squirt, de tal forma que han creado un gran interés alrededor del tema. Hace ya algunos años que este término es tendencia en las principales webs pornográficas, tiempo en el que se ha explorado tanto cuál es la manera más efectiva de provocarlo.

Aun así, ahora que hemos dejado claro que squirting no es sinónimo de eyaculación u orgasmo, ¿realmente vale la pena hacerlo? Eso depende. Sin duda, intentarlo es de lo más divertido, siempre y cuando partamos de la idea común de que no es una condición imprescindible. Cuando aún había bastante ignorancia sobre el tema, muchas mujeres se sintieron presionadas por conseguirlo y frustradas al no hacerlo. La imagen idealizada que nos da la pornografía.

Así que, si te has decidido a perseguir el squirt con alguien, recuerda: no presiones. Resta importancia a conseguirlo o no y céntrate en pasarlo bien durante el viaje. Al fin y al cabo, el camino que lleva al chorrazo es similar al que llega al orgasmo. Que alcanzarlo sea un objetivo relativo para ambos.

Cómo llegar al squirt

Entramos en materia, llegar al squirting requiere las mismas habilidades que cualquier relación sexual de calidad: saber dónde tocar, crear grandes dosis de excitación y estar bien relajados. También, lo dicho antes: no obsesionarse. No empieces a soltar comentarios inoportunos sobre si va a llegar o no: disfruta del momento sea cual sea el resultado final. El peor enemigo de las mujeres en este viaje será pensar demasiado, igual que para llegar al orgasmo. Una vez conseguido un estado mental ideal, toca explorar maneras concretas

Estimulación, estimulación, estimulación. Para conseguir que el cuerpo de tu pareja esté a punto, tiene que estar tremendamente excitado. Para eso, el objetivo es el clítoris, que hay que estimular poco a poco, sin prisa pero sin pausa, y tampoco está de más preguntar si estas tocando en el punto correcto. Otro consejo: tómate tu tiempo.

Cuando ya hemos pasado la primera condición indispensable estimular largo y tendido el clítoris, tenemos que pasar a la segunda fase: el punto G. Ese gran desconocido. Ese pequeño punto de placer en las mujeres se encuentra en un lugar muy concreto y podemos encontrarlo introduciendo los dedos en la vagina para después subir hacia arriba colocando la mano como si fuese un anzuelo hasta encontrar una pared suave y húmeda. Es en esa superficie donde tendremos que empezar a estimular de nuevo, dando golpecitos cada vez más rápidos. De nuevo, esto no es una ciencia exacta para cada mujer, así que trabaja en esta zona hasta que tu pareja noté un cosquilleo y repentinas ganas de hacer pis. Es normal: ahí es cuando nos estaremos acercando. Es habitual que en este momento, el cuerpo de la mujer reaccione negativamente a la sensación de que va a orinarse y por eso es tan importante que todo ocurra en un espacio relajado y seguro. Y quizás ve poniendo una toalla sobre la cama para lo que puede avecinarse.

En este punto habría que destacar que hay diferentes caminos para llegar al squirt. El secreto es ir probando. Hay mujeres que solamente necesitan la estimulación del clítoris para conseguirlo, otras que llegan con la estimulación del punto G y otras, y esta es la que acumula más posibilidades, estimulando ambas áreas al mismo tiempo. Puede hacerse de forma progresiva, como hemos explicado aquí, o servirse de algún juguete sexual para estimular una parte mientras tú te centras en otra. Un plan de ataque en dos direcciones que debería generar el máximo placer posible. Todo es cuestión de experimentar: lo que no se consiga un día, puede que se consiga en otro cambiando un poco la técnica, el ritmo o los utensilios. En el mismo día no hay que abusar demasiado, que esas zonas son muy sensibles.

Como decíamos, los juguetes sexuales pueden ser grandes aliados para el squirting. Ellos pueden llegar donde nosotros no podemos, así que, en lugar de verlos como un enemigo, úsalos en el beneficio de todos. Los succionadores de clítoris y los vibradores especialmente diseñados para llegar al punto G son los ideales para este caso concreto. Además, no te olvides de explorar los siempre menospreciados lubricantes, que ayudan a humedecer la zona íntima femenina para más placer. Búscate uno con base de agua y mejora tus relaciones sexuales más allá de este fenómeno que hemos explorado en este artículo.

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